16/2/10

Un Interés por Promover el Discipulado y Crecimiento Cristiano

Del libro Nueve Marcas de una Iglesia Saludable, capitulo 8

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Crecimiento Cristiano

Otra marca que distingue a una iglesia saludable es un interés profundo en el crecimiento de la iglesia, pero no solo en el sentido numérico sino en el crecimiento espiritual de los miembros. Algunos piensan hoy en día que un cristiano puede ser un “bebé espiritual” por el resto de su vida. Parece ser, que para algunos discípulos, el crecimiento lo miran como algo opcional y no necesario. Pero el crecimiento es señal de vida. Los árboles que tienen vida son aquellos que crecen, y los animales que tienen vida son aquellos que crecen. El crecimiento involucra un aumento y avance. En muchas áreas la experiencia nos muestra que cuando algo deja de crecer, se muere.

Pablo esperaba que los corintios crecieran en su fe cristiana (II Co. 10:15). Asimismo, él esperaba que los efesios “crecieran en Aquel que es la cabeza es decir, Cristo” (Ef. 4:15; Col. 1:10; II Tes. 1:3). Pedro dio también esta exhortación a los primeros cristianos, “deseen con ansias la leche pura de la palabra, como niños recién nacidos. Así por medio de ella crecerán en su salvación” (I Ped. 2:2). Es una tentación para los pastores reducir a la iglesia a una mero concepto estadístico de asistencia, bautismos, ofrenda y membresía, donde el crecimiento es tangible; sin embargo, tales estadísticas se quedan cortas del verdadero crecimiento del cual escribe Pablo, y el cual desea el Señor.

La Santidad es Evidencia del Crecimiento

En su Tratado Concerniente a las Emociones Religiosas, Jonathan Edwards sugiere que el verdadero crecimiento en el discipulado cristiano no es finalmente una mera emoción, en la cual se aumenta el lenguaje religioso o se aumenta el conocimiento de las Escrituras. Ni es tampoco un evidente incremento en gozo o en amor o en la preocupación por la iglesia. Aún, el aumento en el celo y alabanza por Dios, o la confianza plena en nuestra fe no son evidencias infalibles del verdadero crecimiento cristiano. ¿Entonces qué es? Según Edwards, aunque todas estas puedan ser evidencias de un crecimiento cristiano, el único signo tangible y cierto es una vida de santidad ascendente, fundamentado en el concepto cristiano de morir a nuestro “yo.” La iglesia debe ser marcada por el cuidado vital de este crecimiento piadoso en la vida de cada uno de sus miembros.

El Descuido de la Disciplina Impide el Crecimiento

Tal como hemos visto en la séptima marca, uno de los resultados inesperados como consecuencia del descuido de una disciplina adecuada en la iglesia es la mucha dificultad en hacer discípulos. En una iglesia con carencia de disciplina, los ejemplos no son claros y los modelos son confusos. Ningún jardinero planifica el plantar hierba mala. La hierba mala es intrínsecamente indeseable, y ella puede producir malos efectos para las plantas que la rodean. El plan de Dios para la iglesia local no permite que dejemos la mala hierba sin ningún control.

Creciendo Juntos en Comunidad

Los buenos testimonios de una comunidad de creyentes con un compromiso fuerte pueden ser muy buenas herramientas en las manos de Dios para el crecimiento de su pueblo. A medida que el pueblo de Dios crece y se fortalece en santidad y entrega total de amor, debe mejorar su habilidad de administrar disciplina y motivar el discipulado. La iglesia tiene la obligación de ser un medio para que el pueblo de Dios crezca en gracia. Si en lugar de esto encontramos lugares donde solamente los pensamientos del pastor son enseñados, donde Dios es más cuestionado que adorado, donde el evangelio se diluye y el evangelismo se tuerce, donde la membresía de una iglesia carece de significado, y un culto mundano alrededor de la personalidad del pastor es permitido, entonces será difícil esperar hallar una comunidad que sea unida o edificante. Tal iglesia ciertamente no traerá gloria a Dios.

Aparencias de un Crecimiento

Dios es glorificado en aquellas iglesias que están creciendo. Este crecimiento puede verse de muchas maneras: por el incremento de personas que son llamadas al campo misionero; por miembros antiguos que son refrescados con un renovado sentido de responsabilidad en su tarea evangelizadora; por miembros jóvenes asistiendo a funerales de miembros mayores motivados por el puro amor de los unos con los otros; por el aumento en la oración, y un deseo de disfrutar más predicaciones; por las reuniones de la iglesia que se caracterizan por genuinas conversaciones espirituales; por un aumento en las ofrendas, y por ofrendantes dando sacrificialmente; por más miembros compartiendo el evangelio con otros; por padres redescubriendo su responsabilidad de educar a sus hijos en la fe. Estos son solamente algunos ejemplos del tipo de crecimiento de iglesia por el cual los cristianos deben orar y trabajar.

Dios es Glorificado en el Crecimiento

Cuando vemos ciertamente a una iglesia que está compuesta por miembros que están creciendo a la semejanza de Cristo ¿Quién se lleva el mérito o la gloria? “Dios… quien da el crecimiento. Así que no cuenta ni el que siembra ni el que riega, sino solo Dios quién es el que hacer crecer” (I Cor. 3:6b-7; Col. 2:19). También la bendición final que Pedro escribió a los primeros cristianos fue expresada en modo imperativo: “crezcan en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. ¡A El sea la gloria ahora y para siempre! Amén” (II Pe. 3:18). Pudiéramos pensar que nuestro crecimiento nos traiga gloria a nosotros mismos. Pero Pedro lo sabía mejor. “Mantengan entre los incrédulos una conducta tan ejemplar que, aunque los acusen de hacer el mal, ellos observen las buenas obras de ustedes y glorifiquen a Dios en el día de la salvación” (I Ped. 2:12). Obviamente, él recordaba las palabras de Jesús: “Hagan brillar su luz delante de todos, para que ellos puedan ver las buenas obras de ustedes”, aquí seguramente podríamos pensar que solamente quería hacer ver que es natural caer en la trampa de la auto-admiración, pero Jesús continuó: “y alaben al Padre que está en el cielo” (Mat. 5:16). Trabajar para promover el discipulado y el crecimiento es otra marca de una iglesia saludable.

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Del libro Nueve Marcas de una Iglesia Saludable, capitulo 8

 

 

 

 

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