11/20/09






 





vía Skip Moen de Bessy Bendaña el 11/10/09

¿Soy yo acaso guardián de mi hermano? Génesis 4:9
Guardián – "El problema es de él." "¡no puedo ser responsable por todo!" "Necesita madurar." ¿Alguna vez te has escuchado decir algo así? En un sistema de mundo que enfatiza al individuo, frecuentemente diferimos el involucramiento, sintiendo como si lo mejor que podemos hacer es hacer responsable a la otra persona.

Claro que desde la perspectiva bíblica la responsabilidad personal nunca disminuye. Eso radica en el corazón del pecador. Pero existe otro elemento de la perspectiva bíblica que ni podemos ignorar ni deferir. ¡Soy el guardián de mi hermano! De hecho, soy mucho más que su guardián, como lo demuestra el verbo hebreo.

La palabra es shamar. Se utiliza en la asignación inicial dada por Dios. Adán y Havvah debían guardar y cuidar el Jardín. Su desobediencia no elimino este requerimiento. Dios esperaba que el hombre gestionara la tierra. Ciertamente Qayin (Caín) supo de esta asignación divina. Pero él hace una distinción fatal y crucial.

Mientras cuida la tierra como labrador de ella, su objetivo es adquirir beneficio para sí mismo por ese cuidado. Hevel es una obstrucción en el camino de la adquisición de Qayin, en este caso una adquisición de bendición. Así que en el pensamiento de Qayin, Hevel no le es útil. Ya no tiene obligación de guardián, puesto que no existe ganancia alguna para él.

Evidentemente, shamar no permite tales distinciones. Shamar es sobre la atención, preservación, guarda y custodia cuidadosa. Todos los matices de shamar implican obligación, no beneficio. Existe algo que hacemos porque Dios nos lo pide, no porque recibiremos recompensa personal. Sea cuidar la propiedad de otro, el bosque de las Amazonas, la finanzas puestas en nuestro cuidado o los hijos del vecino, nuestra motivación se basa fundamentalmente en la apreciación de Dios del universo. Le pertenece a Él y, por lo tanto, se me requiere que lo trate como El lo haría. Dicho sea de paso, shamar también se utiliza en conjunción con la Palabra de Dios. Requiere el mismo compromiso al cuidado y preservación.

Shamar es un verbo de obligación. También es un verbo de conexión. La obligación a Dios nos conecta a todos – el uno al otro, a la creación, al Creador. Shamar me ubica en el océano de la comunidad, no simplemente con los otros seres humanos sino con la creación misma. No es de sorprenderse que Sha'ul diga que toda la creación gime esperando el dia en que la protección y guardia sea la norma. Qayin es el primero barón ladrón. En su apreciación, la vida es sobre obtener lo que deseamos sin importar el costo. Su castigo no es la muerte. Es el enajenamiento de toda la comunidad, incluyendo la comunidad de la tierra. Aquel quién utilizó cualquier medio para adquirir pierde todo lo que tiene. Medida por medida.

Cuán peligroso es el camino de Qayin, no como asesino sino como adquiridor sin shamar. Un hombre quién desconoce su obligación a otros es un hombre que hará cualquier cosa para obtener lo que desea. Tal hombre deambula entre las bestias salvajes.
Qayin, guardián, shamar, obligación, Génesis 4:9





 





 





vía DAVID WILKERSON, HOY (Spanish) de David Wilkerson el 11/10/09

Usted podría estar en medio de un milagro en este preciso momento y simplemente, no darse cuenta. Quizás, ahora mismo esté esperando un milagro. Se encuentra desanimado porque las cosas no parecen cambiar en absoluto. No ve ninguna evidencia de la obra sobrenatural de Dios a favor suyo.

Considere lo que dice David en el Salmo 18: "En mi angustia invoqué a Jehová, y clamé a mi Dios. El oyó mi voz desde su templo, y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos. La tierra fue conmovida y tembló; se conmovieron los cimientos de los montes…Humo subió de su nariz, y de su boca fuego consumidor…inclinó los cielos, y descendió…Tronó en los cielos Jehová, y el Altísimo dio su voz…Envió sus saetas…Lanzó relámpagos" (Salmos 18:6-9, 13-14).

Usted debe darse cuenta de que ninguna de estas cosas sucedió literalmente. Todo se trataba de algo que David vio con sus ojos espirituales. Amado, eso es fe. Es cuando usted cree que Dios ha oído su clamor, que Él no ha tardado, ni tampoco ha ignorado su petición. Por el contrario, Él comenzó calladamente su milagro, apenas usted oró; aun ahora Él está haciendo una obra sobrenatural a favor de usted. Eso es verdaderamente creer en milagros, en su maravillosa obra progresiva en nuestras vidas.

David entendió la verdad fundamental debajo de todo: "Me sacó a lugar espacioso; me libró, porque se agradó de mí" (Salmos 18:19). David declaró: "Yo sé por qué Dios está haciendo tanto por mí. Es porque Él se deleita en mí".

De verdad, yo creo en los milagros instantáneos. Dios sigue obrando maravillas gloriosas e instantáneas en el mundo de hoy. Pero en estos pasajes del Evangelio (Mateo 16:9-11, Marcos 8:19-21), mientras Jesús les recuerda a los discípulos la milagrosa alimentación de los 5,000 y de los 4,000, Él les pide a ellos y a nosotros a tomar nota de sus milagros progresivos y su importancia para nuestras vidas, hoy.





 






 





vía Todo Pensamiento Cautivo de Sugel Michelén el 9/10/09
Suponiendo que ni tu cuerpo ni tu alma se encuentren indispuestos para orar, o que esos argumentos no te hayan convencido para que desistas de hacerlo, entonces te vendrá en ocasiones el pensamiento de que, por tus diversas ocupaciones, deberías buscar otro momento en el que tengas más libertad para acercarte al Señor en oración.


“Si al menos estuvieras desocupado, y no tuvieras tantas cosas que atender, entonces hubieras podido dedicarte a orar con tranquilidad. Pero, ¿cómo vas a llegar delante de Dios en medio de tanta agitación? ¿No sería mejor esperar por un momento más apropiado?”.

Cuando nuestros pensamientos se interpongan de ese modo para alejarnos de la oración, existen ciertas consideraciones que todo creyente debe hacerse con honestidad y objetividad:

1. Considera si acaso no te estarás sobrecargando con los negocios y afanes de este mundo.

Dios nos ha dado talentos y capacidades, de modo que podamos dedicarnos a nuestros trabajos y ocupaciones con responsabilidad. Por lo tanto, el Señor no se opondrá a que le dediquemos a estos asuntos el tiempo que requieren. Lo que no podemos hacer de ningún modo es darle al mundo aquello que le pertenece a Dios (comp. Mt. 22:21).

Si en nuestro horario habitual usualmente se nos dificulta o imposibilita sacar un tiempo para estar a solas con nuestro Señor, o para dedicarnos al cuidado de nuestras familias, hay algo que estamos haciendo que no es la voluntad del Señor para nosotros.

¿Qué pensaría un jefe cuyo empleado llega tarde a trabajar, y la excusa que el empleado pone es que estuvo viendo TV hasta tarde la noche anterior? Seguramente la excusa no será aceptada. De igual modo no podemos excusarnos de nuestro tiempo de oración, por el hecho de que estábamos ocupados en cosas en las cuales no teníamos que estar ocupados.

Recuerdo haber leído hace muchos años el siguiente pensamiento: “No hagas hoy lo que puedes hacer mañana”. No podemos pretender hacer más de lo que nuestras capacidades y nuestro tiempo nos permiten. Aún los pastores deben considerar seriamente este asunto del tiempo. Si no planificamos con cuidado llegará un momento en que la obra del Señor nos alejará del Señor.

2. Considera de qué modo puedes planificar tu tiempo para que tus asuntos y negocios no interfieran con tu piedad.

Cuando un hombre sabio tiene dos cosas importantes que hacer en un mismo día planificará de qué modo puede emplear su tiempo disponible para poder hacer ambas cosas.

Todo creyente necesita sabiduría para planificar cómo ha de conjugar sus devociones personales, con los negocios del mundo; el tiempo que ha de pasar a solas en comunión con Dios, y el que ha de emplear en las cosas propias de su vocación.

Muchas veces los creyentes caen en la trampa de creer que, sin planificarlo, encontrarán un momento apropiado en el día para dedicarse a sus devociones. Lo que usualmente ocurre es que llega la noche y esa persona no ha podido parar ni por un instante. Durante todo el día su tiempo estará ocupado en una serie interminable de cosas que requerirán su atención.

El tiempo para las devociones privadas no se debe tratar de encontrar, se debe hacer, apartar de antemano luego de una consideración objetiva y cuidadosa.

3. Procura tener nociones correctas acerca de la importancia de la oración.

Algunas veces los creyentes son llevados por su impaciencia y su corrupción interna a considerar la oración como una pérdida de tiempo. Tenemos tantas cosas “importantes” que realizar, que dedicarnos a la oración sería permanecer pasivos en medio de una serie de asuntos que requieren nuestra participación activa.

Pero ¿podríamos considerar como tiempo perdido las horas que se tome un trabajador para afilar sus instrumentos? Él no está perdiendo el tiempo; más bien se está preparando para ser más efectivo.

La oración no es un obstáculo para que el cristiano se dedique a sus negocios, o a sus recreaciones lícitas. Más bien contribuyen a que sus asuntos sean ejecutados más exitosamente, y para que sus recreaciones sean santificadas. ¿Qué puede ser más recomendable que comenzar un negocio o una recreación en la presencia de Dios?
(comp. Pr. 3:5-6).

4. Considera que mientras más dificultades tengamos que vencer, y más obstáculos que conquistar para tener comunión con Dios, más agradable será a los ojos de Dios.

Ningún amigo es más apreciado que aquel que vino a visitarnos en medio de muchas ocupaciones. Por el contrario, ¿qué molestas son las visitas de los vagos, y cuán poco apreciadas? Cuando alguien nos dice: “No tenía nada que hacer, y por eso vine a visitarte”, esa visita usualmente no es muy apreciada.

5. Considera objetiva e imparcialmente la importancia o necesidad de ese asunto que te está apartando de tu tiempo de oración.

No podemos negar que ciertamente hay asuntos que requieren que nosotros pospongamos nuestro tiempo de devoción hasta que encontremos un tiempo más apropiado. Si la casa del vecino se está quemando, un creyente no puede decir: “Ahora no puedo ir a ayudar porque voy a leer la Biblia y orar”.

Y eso no sólo ocurre en casos tan extraordinarios. Hay situaciones que pueden llevar a un creyente a posponer su tiempo de oración. Pero tal cosa sólo debe hacerse luego de haber considerado objetiva e imparcialmente la importancia o necesidad de ese asunto. Y para que tal consideración pueda ser objetiva, el creyente debe hacerse las siguientes preguntas:

(a) ¿Es ese asunto legítimo en sí mismo?

(b) ¿Es importante?

(c) ¿Necesariamente debe ser hecho ahora?

(d) ¿Fuimos sorprendidos por el asunto? ¿Es algo que no pudimos planificar?

Hay situaciones providenciales que requieren de nuestra atención, y en tales casos no pecamos cuando posponemos nuestro tiempo de oración. Pero aún en tales ocasiones el creyente puede enviar sus oraciones como dardos al cielo, como hicieron Moisés y Nehemías en situaciones difíciles (comp. Ex. 14:10-15; Neh. 2:1-5).


 







10/06/09



 




Stephen Green, banquero anglicano, salva la crisis con valores bíblicos en el uso del dinero.
vía Diario Evangélico Digital "BEREA" el 29/08/09

http://diarioberea.blogdiario.com/img/stephen-green.jpg
                                         
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Sábado 29 de Agosto del 2009
Economía  Inglaterra
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LONDRES, Inglaterra (Expansión, Reuters/ ACPress.net.) Stephen Green es una especie rara en la City. No sólo porque el banco que preside, HSBC, es una de las entidades británicas más solventes (algo ya de por si poco usual en estos tiempos); sino porque a su oficio de banquero une su condición de ministro de la Iglesia Anglicana.
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Su aspecto y maneras son más próximos a los de un pastor anglicano que a un hombre de negocios. Como simple dato, Green en la Iglesia Anglicana es partidario de que las mujeres puedan ser obispos.
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Pero ahora es noticia porque además acaba de escribir un libro, titulado 'Good Value: reflections on money, morality and an uncertain world' (Reflexiones sobre el dinero, la moralidad y un mundo incierto), en el que intenta dar respuesta a ese dilema.
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Green no es un importante banquero más. Preside el HSBC (The HongKong and Shanghai Banking Corporation), el mayor banco de Europa, una organización que emplea a 330.000 personas en todo el mundo. Basándose en esta importante experiencia enfatiza la importancia de aplicar los valores cristianos en el uso de dinero.
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http://diarioberea.blogdiario.com/img/hsbc-londres.jpgTorre del HSBC en Canary Wharf, Londres.

El se ha esforzado para que en su banco la gran mayoría de sus empleados comparta una filosofía y unos valores básicos de comportamiento, cercanos a los valores bíblicos del Cristianismo, y considera que su seguimiento es positivo al hacer negocios. A pesar de que en el mundo actual parezca que los valores contrarios son los que ayudan a triunfar (trampas, egoísmo, engaño, infidelidad, lucro y abuso…).
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Y no son sólo ideas teóricas, ya que el banco que preside, HSBC, es una de las pocas entidades británicas que va salvando la crisis financiera con cierta holgura y sin ayuda estatal.
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Otra muestra es su propio sueldo. No es desde luego el de un pastor anglicano, ya que ascendió a 1,26 millones de libras anuales en el 2008, siendo más propio del sector financiero en que trabaja, aunque sin embargo está pero que muy lejano del que reciben otros ejecutivos de rango similar al suyo.
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http://diarioberea.blogdiario.com/img/stephen-green-hsbc.jpg
Green es el Presidente del HSBC, una de las más grandes organizaciones
de servicios bancarios y financieros del mundo, con sede central en Londres.


LA CRISIS GLOBAL
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La última gran crisis evidencia que la codicia de los banqueros y su ambición desde luego «poco bíblica» ha desembocado en el caos financiero y la recesión. Aunque el propio Stephen Green debió reconocer que incluso el HSBC también cayó en la tentación al perder miles de millones de dólares tras la compra en el 2003 de un banco estadounidense especializado en hipotecas subprime. Ahora, el grupo está intentando liquidar esa filial.
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Por ello Green aplicó los valores cristianos al decir la verdad de este error y reflejar arrepentimiento ante esta actuación contradictoria el mes pasado, cuando acudió a la escuela de negocios London School of Economics (LSE) para presentar el mencionado libro. Eso sí, defiende con vehemencia las virtudes para la sociedad que tiene la actividad financiera bancaria bien hecha, aunque se pueda convertir (y de hecho se convierte) en un negocio que aunque legal –casi siempre- se acerque moralmente en ocasiones a una simple usura.
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Precisamente para evitar esto último, en el sector financiero, Green defiende una regulación que controle los excesos de los banqueros, aunque no al punto de reformar la industria financiera mundial de modo que no queden bancos «muy grandes para quebrar». «Es poco realista creer que la industria pueda ser reconstruida de tal manera que las instituciones individuales no sean tan grandes como para quebrar», explicó Green, que manifestó que la «estrechez bancaria» no es la respuesta para garantizar la estabilidad.










10/01/09

¿Qué significa que los discípulos harían obras mayores que las de Cristo?

sábado 12 de septiembre de 2009
Publicado por Sugel Michelén en Todo Pensamiento Cautivo
http://todopensamientocautivo.blogspot.com/



En Juan 14:12 el Señor Jesucristo hace una declaración asombrosa, que lamentablemente ha sido motivo de muchas interpretaciones erróneas: “De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre”. Para comprender de qué está hablando Cristo aquí tenemos que leer estas palabras en su contexto.

El Señor ha dicho a Sus discípulos que está a punto de partir de este mundo (Juan 13:33; 14:1-3), lo que no sólo provoca inquietud y tristeza en los discípulos sino también interrogantes; sobre todo porque el Señor asevera que ellos sabían adónde Él iba y conocían el camino (vers. 4). “Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino?” (vers. 5).

Es entonces cuando el Señor pronuncia las conocidas palabras del vers. 6: “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. Si me conocieseis, también a mi Padre conoceríais; y desde ahora le conocéis, y le habéis visto”.

A la luz de esa declaración, Felipe pide al Señor: “muéstranos el Padre, y nos basta”. Jesús le responde: “¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre; ¿cómo, pues, dices tú: Muéstranos el Padre? ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras” (vers. 9-10).

Noten algo interesante aquí. Uno esperaría que el Señor dijera: “Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí es el que habla estas palabras por medio de mí”.



Pero no es eso lo que dice. Lo que el Señor dice a Felipe es que Dios el Padre está haciendo Su obra en el mundo por medio de las palabras de Cristo: “Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras”. Como bien señala el comentarista Hendriksen: “Siempre que Jesús habla, el Padre actúa por medio de sus palabras”.

Ahora bien, no olviden el contexto. El Padre ha estado obrando por medio de las palabras del Hijo, pero el Hijo ha dicho a Sus discípulos que retorna a la casa de Su Padre. ¿Qué va a suceder ahora con el plan de redención? ¿Es Su partida el punto final de la obra redentora de Dios en el mundo? ¡Por supuesto que no!

Es entonces cuando el Señor pronuncia las sorprendentes palabras del vers. 12: “De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aun mayores hará, porque yo voy al Padre”.

¿Quiere decir esto que nosotros haremos milagros más extraordinarios que los que Él hizo? Pensemos, por ejemplo, en la resurrección de Lázaro; ese fue tal vez el milagro más sorprendente que Jesús llevó a cabo durante Su ministerio terrenal. ¿Y nosotros haremos milagros mayores? ¿Qué puede ser más extraordinario que resucitar a un muerto?

Lo que el Señor está diciendo a Sus discípulos es que Su partida no será en detrimento de Su obra redentora, porque por medio de esa misma Palabra con la que El obró ¡nosotros haremos obras mayores que las Suyas! Las obras mayores de las que Cristo habla es tomar individuos que están muertos en sus delitos y pecados y traerlos a la vida por medio de la proclamación del evangelio.

Comparen esta declaración del Señor en Juan 14 con Su propia declaración en Juan 5: “Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todas las cosas que él hace; y mayores obras que estas le mostrará, de modo que vosotros os maravilléis. Porque como el Padre levanta a los muertos, y les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida… De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida. De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán” (Jn. 5:20-21, 24-25).

Darle vida a un muerto espiritual es más extraordinario que resucitar a un muerto físico. Y los discípulos tendrían la oportunidad de hacer obras mayores que las de Cristo mismo, en el sentido de que a través de la historia de la Iglesia, haciendo uso de la misma Palabra que Él usó, millones habrían de ser salvos.

¿Acaso no fue eso lo que ocurrió en el día de Pentecostés? El apóstol Pedro predicó la Palabra de Dios y en un solo día se convirtieron 3000 personas, muchísimas más conversiones de las que ocurrieron durante los tres años de ministerio de nuestro Señor Jesucristo. ¿Cómo fue que ocurrió algo tan extraordinario? Por medio de la predicación de la Palabra. Dios no ha prometido obrar por ningún otro medio.

Si queremos ver pecadores siendo salvados y creyentes siendo fortalecidos, debemos proclamar la Palabra de Dios (compare Rom. 10:17; Ef. 1:13; He. 4:12; Sant. 1:18; 1P. 1:23. Sin la Palabra de Dios no hay salvación ni crecimiento espiritual. Ella es la espada del Espíritu, dice Pablo en Ef. 6:17, el instrumento por medio del cual Él opera en la vida de las personas.

Lo que sucede es que esa obra del Espíritu por medio de la Palabra no siempre es perceptible para nosotros; por lo que muchos han decidido usar otros métodos que parecen más “efectivos” para tratar de alcanzar a los de afuera y mantener a los que están dentro.


No sustituyamos la metodología de Dios por la del hombre. Podemos hacer un montón de cosas más atractivas que predicar la Palabra, y es muy probable que atraigamos a muchas personas a nuestros cultos.

Pero no podremos traerlas a Jesucristo para que tengan vida. Los pecadores no serán salvados, ni los creyentes edificados, por ningún otro medio, sino a través de la proclamación de la Palabra de Dios (comp. 1Cor. 1:18, 21-25; Lc. 16:29-31).

La misma Palabra que Dios usó para crear el mundo, es la misma que usa hoy para salvar a los pecadores y conectarlos entre sí para la formación y fortalecimiento de las iglesias. No fue por casualidad que la Iglesia nació en Pentecostés después de la predicación de un sermón. Y tan pronto esas almas fueron salvadas ¿qué hicieron?

“Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas. Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones” (Hch. 2:41-42).

La dinámica de esta nueva comunidad giraba en torno a la enseñanza de los apóstoles. Ese era el factor principal. Que Dios nos ayude para que no nos dejemos seducir y terminemos cambiando el método de Dios por técnicas de mercadeo.


Es haciendo uso de la Palabra de Dios que veremos grandes obras en medio nuestro: Dios será glorificado, los perdidos serán salvados y los creyentes serán edificados y fortalecidos en Su fe únicamente por medio de la Palabra de Dios que vive y permanece para siempre.

Leer este estudio biblico en;
http://todopensamientocautivo.blogspot.com/2009/09/que-significa-que-los-discipulos-harian_12.html