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9/1/10

TODO FUE EL RESULTADO DE UNA BOMBA

hermano pablo por el Hermano Pablo






BOMBA-NUCLEAR La bomba estaba allí a la vista, un negro cilindro de plástico: fatídica, silenciosa, ominosa. Quieta como una serpiente, sólo esperaba el momento de morder. Era una poderosa bomba que habían dejado en ese edificio unos narcotraficantes.

Les tocó a tres policías, veteranos en el oficio, realizar la peligrosa tarea de desactivarla. Los tres oficiales comenzaron con sumo cuidado, pero algo falló. La bomba estalló. En la fracción de un segundo los tres policías quedaron destrozados.

La crónica policial no dio los nombres de los agentes, pero alguien publicó fotografías. Éstas mostraban a los hombres unos momentos antes de la explosión y un momento después. En la segunda toma se veían los restos sanguinolentos de tres hombres jóvenes, servidores públicos, casados y con hijos, que murieron cumpliendo con su deber. Y todo fue el resultado de una bomba.

Ante esto no podemos menos que preguntarnos: ¿Qué tipo de persona, qué clase de hombre, qué inclinación, qué carácter, qué personalidad, podría darse a una actividad tan infame como la de fabricar instrumentos de muerte?

¿Cómo puede un hombre tramar cualquier clase de destrucción contra un semejante? ¿Dónde está la conciencia? ¿Dónde está el corazón? ¿Y dónde está el presentimiento de consecuencias? ¿Será que hoy en día se hace caso omiso de ellas?

nuevo-centro-orientacion-familiar-pilar-02 Estas mismas preguntas podrían aplicarse a la persona que ofende. Decirle a alguien, especialmente a nuestro cónyuge o a un hijo nuestro: «estúpido» o «idiota» o «imbécil» o «tonto», es peor que poner una bomba debajo de sus pies.

Herir los sentimientos, especialmente entre familia, es destruir lo más precioso que tenemos. Insultar a la esposa de nuestra juventud, o peor todavía, golpearla físicamente, es lo más repugnante que pudiéramos hacer como maridos. Esa es la bomba que destruye matrimonio, hogar, esposo, esposa, hijos y todo.

Es posible que allá adentro, en lo más profundo de nuestro ser, lamentemos haber puesto alguna bomba simbólica, pero que igual destruye, en el seno de nuestro hogar. Sólo puede desactivarla el que la pone. Y la palabra clave para esa desactivación es: «¡Perdóname!» Pedir de la esposa perdón, pedir de los hijos perdón, es desactivar la bomba que de seguro estallará si no se neutraliza.

Comencemos esa desactivación pidiéndole perdón a Dios por nuestras ofensas. Luego pidámosle perdón a nuestra familia. Neutralicemos esa bomba antes de que estalle. No destruyamos lo que más valor tiene en nuestra vida: el cónyuge, los hijos, la paz y la fe.

Fuente; Un Mensaje a la Conciencia Box 100  •  Costa Mesa, CA 92628  •  tel: 949.645.0676  •  fax: 949.645.0374  •  info@conciencia.net   http://www.conciencia.net/main.aspx?ID=2010ene09

11/12/09

Porque el siervo del Señor no debe ser Contencioso...,

(Publicado por el Ministerio El Remanente Inc.23 septiembre,2009)

“Porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar, sufrido”. 2 Timoteo 2:24.
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La contienda es un ladrón que debemos aprender a reconocer y a manejar inmediatamente.
Es necesario controlarla antes que nos controle a nosotros.
Ser contencioso significa que por costumbre se disputa o contradice todo lo que otros afirman.
Una persona así, discute con amargura y produce discordia.
Unas veces la discordia es abierta, otras es una corriente de rabia debajo de la superficie.
La contienda es peligrosa.
Es una fuerza satánica enviada para destruir.
La Biblia dice que debemos resistir al diablo firmemente.
Cuando alguien nos hiere o nos ofende, el enojo empieza a surgir.images
No es un pecado enojarse.
Pero tenemos que manejar los sentimientos de enojo adecuadamente.
No debemos permitir el rencor, la amargura, el resentimiento, o la falta de perdón.
No debemos dejar que el sol se ponga sobre nuestro enojo.
Una actitud de juicio es una puerta abierta para la contienda.
Tenemos que recordar que la misericordia triunfa sobre el juicio.
El juzgar a los demás, por lo general, lleva a los chismes.
Estos, empiezan a diseminar la contienda de una persona a otra.
Nos destruye, la armonía y la unidad.
En realidad, nos saca del área de las bendiciones de Dios.
Cuando viene la tentación de juzgar a otros y después compartir nuestra opinión a través de los chismes y las patrañas, debemos recordar esto…
imagesCAM151BX“… El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra… ”. Juan 8:7.
¡Recuerda!
Dios cambia las cosas a través de la oración y la fe, no a través de nuestras opiniones y chismes.
Amén.
Dios Te Bendiga.
Publicado por El Predicador ©
http://www.ministerioelremanente.com/2009/09/porque-el-siervo-del-senor-no-debe.html